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| Foto de Natalia Valdés |
Antes de que llegue el verano, de que las aguas se turbien y las persianas se abran, los lugares recónditos de la Isla lucen su encanto con el rugido del mar, el canto de las aves y el suave murmullo del viento. Es entonces cuando realmente se disfruta de lo que un día fue un paraíso.

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